Desde hace mucho tiempo, vivimos rodeados de radiaciones y campos electromagnéticos que no se ven pero que afectan a nuestra salud, es lo que algunos llaman “contaminación invisible”. 

Varios estudios demostraron que hay una influencia del magnetismo terrestre del planeta sobre nuestro organismo y los procesos biológicos. Dichas alteraciones corresponden a la presencia de corrientes de agua, gas o aire, fallas tectónicas, líneas geomagnéticas, perturbaciones electromagnéticas y contaminación electromagnética. 

La ciencia que estudia este tema se denomina Geobiología, y estudia como las energías que emanan de la tierra y de nuestro entorno influyen sobre los seres vivos. Su objetivo principal esta en mejorar el bienestar y la salud de las personas que habitan un espacio. Es lo que llamamos Salud del Hábitat. 

Hay muchos síntomas asociados a las radiaciones naturales y electromagnéticas: 

Afectaciones físicas: Nuestro cuerpo reacciona primero con una inflamación, que es la primera respuesta que da para defenderse de aquello que le está afectando. Si no se resuelve, la inflamación se puede volver crónica y dar pie al desarrollo de enfermedades degenerativas. 

Afectaciones químicas: Se describen muchos desequilibrios hormonales en los que las radiaciones naturales pueden resultar determinantes. 

Afectaciones emocionales: Insomnio, ansiedad, depresión. 

A continuación te compartimos una serie de consejos básicos para prevenir y proteger nuestro hogar de la contaminación electromagnética: 

La primera regla a tener en cuenta es que la mejor defensa contra las radiaciones es la distancia, es decir, cuanto más nos alejamos de las fuentes de emisión más disminuye la intensidad de las ondas. 

Antes de comprar o alquilar nuestra vivienda es muy recomendable revisar el entorno de la misma: que no haya cerca líneas de alta tensión (a menos de 150 metros), transformadores eléctricos de la compañía que suministra la electricidad (justo debajo del piso), antenas de telefonía móvil, antenas Wi-Fi públicas o privadas, radares, repetidores de televisión y radio, etc. En algunos casos las fuentes de emisión pueden estar camufladas, por lo que es muy positivo preguntar por la vecindad. 

Es importante también, no colocar aparatos eléctricos en nuestras mesillas de noche ni cerca de las camas: El más próximo debería estar al menos a 1 metro de distancia. No tener nunca teléfonos inalámbricos, móviles o equipos WiFi en los dormitorios y en cualquier caso apagarlos por la noche. Al igual que no es recomendable instalar cables eléctricos, enchufes o regletas debajo de las camas, mesas, sillas ni sofás. 

En el caso de ordenadores portátiles no debemos trabajar con ellos encima de nuestras piernas. Esta es una práctica muy utilizada y es aconsejable separarlo al menos 30 cm de nuestro cuerpo. Sobre todo las mujeres embarazadas deberían mantener separado el portátil del abdomen. 

En la cocina hay que procurar separarse un mínimo de 0,5 metros de los electrodomésticos en funcionamiento como licuadoras, batidoras, tostadoras, vitrocerámicas, etc. y un mínimo de 1 metro de lavavajillas, lavadoras y hornos microondas. Utilizaremos cocinas a gas o vitrocerámicas y evitaremos las placas de inducción por el gran campo magnético que generan. 

Si es posible, recomendamos utilizar camas sin partes metálicas y mesas de estudio/trabajo sin bordes metálicos. Los materiales de hierro que forman la estructura de la cama, como el cabecero, piecero o canapé, se comportan como conductores eléctricos y pueden absorber y reconducir las radiaciones electromagnéticas ambientales, del cableado y dispositivos eléctricos próximos, actuando como antenas, distorsionando los campos magnéticos naturales y proliferando campos magnéticos constantes y eléctricos estáticos. 

Por último es muy importante ventilar la casa a diario. Para mejorar la calidad del aire del hogar ventilaremos todas las habitaciones al menos media hora al día para eliminar el exceso de iones positivos del ambiente. Investigaciones en todo el mundo han demostrado que el enriquecimiento del aire con iones negativos ayuda a respirar mejor, disminuye los dolores musculares y articulatorios y transmite una sensación de bienestar, especialmente a las personas con dolencias pulmonares y alérgicas al polen. 

Como dice el dicho dime en qué espacio vives y te diré lo feliz que eres. Cada vez es más evidente la relación entre la salubridad de tu hogar y tu calidad de vida. Es importante que tengas en cuenta estos aspectos que aunque sean imperceptibles, terminan por afectar nuestra salud. 

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